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DISCURSO DEL DR. WILBER CHOQUE, EL DÍA DEL JUEZ EN EL TRIBUNAL DEPARTAMENTAL DE JUSTICIA

La justicia durante su evolución ha aportado significativamente a la consolidación de las sociedades, llegando a constituirse en  uno de sus pilares centrales de la democracia. Gracias a la justicia, las sociedades modernas han podido alcanzar un desarrollo más armonioso, menos conflictivo y violento, llegando a ser tomada en cuenta como  una de las variables que utilizan los organismos internacionales para medir el grado de desarrollo democrático de los Estados.

En este contexto los jueces se han convertido en actores primordiales para la estabilidad del sistema social, pues racionalizan el ejercicio del poder a través del control jurisdiccional, resguardan la vigencia de la democracia, propician la convivencia pacífica, protegen los derechos humanos y garantizan la seguridad jurídica y ciudadana.

Lamentablemente en los últimos tiempos, la imagen de la administración de la justicia ha sido afectada frente a la opinión pública, debido a que muchos actores han cometido el error de generalizar los delitos de “algunos malos funcionarios”, logrando estigmatizar la noble función del servidor judicial. Ello se debe principalmente a que en Bolivia se han conocido y mediatizado casos de extorción y de la existencia de consorcios que atentan contra la trasparencia judicial, pero ha llegado el momento de exigir a la opinión pública la individualización de estas acusaciones hacia  quienes han cometido dichos delitos y no seguir permitiendo que por unos pocos, se dañe la dignidad de todos quienes trabajamos incansablemente por la impartición de justicia, porque no podemos dejar de reconocer que hay jueces y servidores judiciales que son probos, idóneos, honestos y ejemplares.

De acuerdo a los mandatos de la última Cumbre Nacional de Justicia Plural, se le ha pedido al Consejo de la Magistratura y otras entidades del Estado, iniciar un proceso de evaluación, que permita “separar el trigo de la paja”, es decir: separar a los buenos jueces de los malos;  a  los eficientes de los ineficientes; a los honestos de los corruptos y a los comprometidos con la justicia social, de  aquellos que  solo aspiran a justificar un sueldo. En este sentido, dicha evaluación debe ser vista como una oportunidad para relanzar el sistema de justicia, identificando a quienes son idóneos para continuar con la alta responsabilidad de administrar justicia y consolidando, así, la carrera judicial.

Un aspecto que debemos considerar como prioritario, es el descongestionamiento procesal, pues durante los primeros 6 meses del presente año, solo en ciudades capitales se han registrado más de cincuenta y cuatro mil procesos penales y cerca de cien mil  procesos en las demás materias, sobrecargando el sistema de justicia. Esto se debe a varios factores, entre los que destacan: la sobre judicialización de controversias entre los ciudadanos y el hecho de que la sociedad civil ha dejado de acudir a otras instancias no estrictamente judiciales como: tribunales de imprenta, tribunales de ética, tribunales colegiados y otras formas alternativas de resolución de conflictos que pueden provenir de los pueblos indígenas y los propios movimientos sociales. 

Otra tarea pendiente,  es reivindicar y reposicionar los valores del servicio público y la ética judicial, que no solo debe recaer en el Órgano Judicial sino en todo el Estado y la sociedad en su conjunto, pues se trata de revertir una crisis del sistema de justicia que lleva décadas de antecedentes en sus causas, reproduciendo un modelo colonial y republicano que hemos heredado y no ha dado respuestas adecuadas. En la solución deben participar: todos los Órganos del Estado que definen las políticas públicas, las universidades formadoras de los recursos humanos, los entes colegiados que brindan líneas de acción, la sociedad civil que suele alimentar una cultura de conflicto y finalmente muchos abogados que insisten en privilegiar la vía del litigio, sobresaturando la capacidad del Sistema de Justicia.

Cabe destacar que desde la vigencia del Consejo de la Magistratura han sido muchos los esfuerzos realizados para superar los problemas de la administración de justicia, entre ellos se han desarrollado nuevas políticas de gestión, se ha optimizado el uso de recursos económicos, se implementaron sistemas y nuevas tecnologías  para agilizar los servicios de justicia, se ha reducido al 85% el personal administrativo y se amplió  la cobertura de  justicia con la creación de 203 nuevos juzgados y 1879 nuevos items para personal de apoyo jurisdiccional, todo ello con recursos propios y sin incremento de presupuesto al Órgano Judicial. 

Cada 27 de julio es ineludible referirse a don Pantaleón Dalence, padre de la justicia boliviana, entre cuyas enseñanzas esta que: “la justicia más que en el texto de las leyes está en el corazón de los jueces”; dejando entender que la justicia reside más en las personas que en las normativas, pues éstas suelen cambiar a través del tiempo en el intento de perfeccionar el cuerpo jurídico, pero lo que no puede cambiar es la actitud del juez que debe, como señalaron los filósofos griegos Platón y Sócrates:  “Otorgar a cada cual lo que le corresponde y obrar con el bien, nunca con el mal”, exigiendo para ello honestidad, imparcialidad, ecuanimidad y probidad.

Finalmente, a tiempo de felicitar a todos los jueces y juezas  en este día, puedo asegurar que muchos cuentan con las virtudes anteriormente citadas, a partir de las cuales pueden aportar a las transformaciones integrales y a los nuevos paradigmas que actualmente demanda la administración de la justicia para mejorar significativamente el servicio judicial, luchar contra la corrupción y eliminar la mora procesal, satisfaciendo la justicia pronta y oportuna que el pueblo espera de quienes trabajamos día a día para alcanzar un Sistema de Justicia renovado y adecuado a los nuevos tiempos que hoy nos toca asumir.

 

 

Sucre, 27 de julio 2016

 

 

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